EL VIAJE DE TU ALMA – «ALMA» – despertar espiritual – despertar de conciencia -Iglesia de Cristo
Enseñanza espiritual de Digeon. En esta enseñanza en forma de parábola, podrás comprender el viaje de tu alma. Reconocer los patrones sagrados por los cuales una y otra vez caes al abismo en tu vida. Al ser una enseñanza espiritual en forma de parabola, podrás compartirla con cualquier persona, incluso los más pequeños.
EL VIAJE DE TU ALMA: Cada individuo tiene un alma única e irreemplazable. El alma es una chispa divina que proviene directamente de Dios. Antes del nacimiento, el alma reside en los planos espirituales y luego encarna en el cuerpo humano para vivir una vida en la Tierra que le lleve a través de experiencias a crecer y expandirse, contribuyendo con ello a la reparación del mundo, a aquello que todavía se muestra desarmonioso en él. Al entrar en el cuerpo humano, el alma es cobijada por el velo de la sabiduría. No recordará nada, pero sentirá. Sentirá en su interior ese amor y belleza profundos que lleva dentro.
El propósito del alma en esta vida es participar en «reparar el mundo». Esto implica la realización de actos de bondad, justicia y contribución espiritual positiva para mejorar la realidad que te rodea. Al hacerlo, el alma contribuye a la elevación espiritual del mundo. Por eso, es tan importante lo que dices, piensas y hablas. Las experiencias, desafíos y elecciones que enfrentas en la vida son lecciones que el alma necesita aprender para su evolución.
Los mandamientos son una parte fundamental del camino espiritual. El conocimiento de las leyes universales, el desarrollo del amor, amar al projimo, no matar, etc. Cumplir con estos mandamientos se considera una forma de conexión con lo divino y una expresión de la voluntad del Creador. Después de la vida en la Tierra, el alma regresa al hogar espiritual de donde partió un día para encarnar en un cuerpo, llevando consigo las experiencias y aprendizajes de su vida terrenal; sus tesoros, amado mío. La forma en que vives tu vida en la Tierra se considera crucial para el destino espiritual del alma después de la muerte.
Ahora, para que comprendas mejor el viaje de tu alma, te diré que imagines que tu alma es como el agua, que ya os he hablado otras veces, pero esta vez va un poco más allá, porque ya estás preparado para entender. Imagina que tu alma es como la lluvia, es agua, que tiene un proceso de descenso, cae de las nubes, pura, limpia, necesaria para la tierra y para toda la naturaleza en su conjunto, pero cuando cae en la tierra, cuando contacta con la tierra se convierte en barro, en lodo. Ese viaje le hizo ensuciarse con la densidad de la materia.
En este proceso, el agua sigue bajando cada vez más, y se adentra en las profundidades de las montañas y de la tierra, volviéndose cada vez más densa, más sucia, casi no parece agua que cae de las nubes pura y limpia. Ha cambiado su aspecto exterior. Y así, continua su viaje entre las profundidades de las montañas y de la tierra hasta que encuentra alguna salida.
El agua, no solo desciende desde las alturas a la tierra, sino que se adentra dentro en las profundidades de la tierra, a los lugares más bajos. Pero su transformación viene cuando de repente, encuentra una salida que le hace brotar desde la tierra, desde las profundidades, y comienza a nacer algo maravilloso llamado manantial de aguas puras.
En un principio, la tierra con su densidad ensució al agua, pero con el proceso de bajada hasta las profundidades, el agua se transforma en un agua pura, en un manantial. La tierra sirvió para crear un agua muchísimo más pura de lo que estaba cuando cayó del cielo.
Durante el proceso de transformación del agua, ella va cogiendo para sí misma todo lo mejor que tiene la tierra, arrastra para sí todos los minerales y otras sustancias que luego podrá ofrecer a la naturaleza en su conjunto y a la humanidad. Ahora, podrás ver que el agua de lluvia se convirtió en un manantial de aguas puras. Lo que comenzó siendo un descenso hacia la oscuridad y la densidad, un viaje a lo desconocido, se convirtió en un medio para su transformación y elevación, amado mío. Ahora, el agua de manantial terminará siendo más provechosa, buena y pura que el agua de lluvia. Este proceso que puedes apreciar en la naturaleza es idéntico al viaje de tu alma.
Dentro de ti, hay una luz, una chispa divina que proviene de las alturas, de otra dimensión espiritual. Cuando llega su momento, el alma tiene que descender hasta un cuerpo para transformarse a través de un cuerpo en el mundo de la materia, en el mundo denso. Por eso, en las sagradas escrituras se habla sobre la creación del hombre y se dice que el hombre fue creado del barro. El 70% de tu cuerpo es agua, amado mío.
Este viaje hacia la densidad de la materia es sumamente doloroso para el alma, pues sufre mucho. Podríamos decir que el alma vivía en un palacio, acostumbrada a todos los mimos y caprichos, ligera, sin cargas emocionales ni físicas, junto a ese alma o conciencia infinita, Dios. Y de pronto baja a la tierra para convertirse en servidumbre. Es bastante doloroso para el alma. Durante el tiempo que el alma está en el cuerpo, el ser humano tiene todo tipo de caídas, descensos, que pueden ser desde espirituales, descensos físicos, descensos emocionales, descensos de creencias y hasta financieros.
Descenso tras descenso, el alma se va alejando de su fuente, sufriendo y gritando en su propio dolor. Pasó de tenerlo todo junto a Dios, a estar atrapada en una cárcel. El grito de tu alma no es otro que el que añora su plenitud, esa plenitud en la que vivía antes de encarnar.
Por eso, tú no eres feliz hasta que tu alma alcanza la plenitud, porque tu alma, con el velo de su sabiduría, añora ese estado de conciencia en el que vivía antes. También, ese es el reflejo de por qué, aunque puedas tenerlo todo, siempre estarás añorando algo que incluso muchas veces sea algo que añoras y que jamás hayas conocido, respondiéndote: ¿Y por qué no soy feliz si lo tengo todo? La respuesta es fácil, amado mío: todas las almas como creación divina añoran al padre, añoran ese palacio de plenitud y abundancia, felicidad plena, en lo más profundo de tu SER, que es el hogar y que es el lugar al que pertenece tu alma.
Este sufrimiento para el alma y para ti mismo termina cuando durante tu vida en la tierra decides fluir, decides como el agua de lluvia dejar que el proceso de la vida te lleve hasta las profundidades mismas, fluir con la tierra, fluir con las adversidades, fluir desde el barro, Para sacar todo el potencial que puedes llegar a tener desde las profundidades de ti mismo, desde algún inframundo en forma de circunstancia en el que te puedas encontrar. Si en ese momento de perturbación, de sufrimiento, consigues fluir en medio de la adversidad, al igual que el agua en medio de las profundidades, tu alma, en algún momento, volverá a brotar a la superficie, pura, y más limpia y sabia que cuando encarnó en tu cuerpo.
Así, comprendes que cada alma está destinada a elevarse y contribuir a reparar de alguna manera el mundo. Todos los descensos, sean del tipo que sea, son un viaje intrínsecamente ligado al viaje de tu alma, a su transformación.
Por esa razón, cada ser humano tiene sus propias experiencias de bajar hasta las profundidades disfrazadas de muchas formas, unos de descensos financieros, otros de descenso emocional, pero que finalmente al superarlos el alma vuelve a resurgir brillante y pura de las profundidades de ti mismo, de tu propia vida. Así, amado mío, cuando estés en medio de un descenso, que sientas que todo se vino abajo, que estás sufriendo y que tu alma grita de dolor, recuerda que eres como esa agua que un día bajó de las nubes, del cielo, para transformarse en un manantial de aguas puras.
No solamente para evolucionar tu alma ella misma en este proceso, sino también para transformar mediante tu sabiduría, tu luz a otras personas y al mundo en su conjunto.
Así, en esta enseñanza espiritual aprendes una valiosa enseñanza y es que cada descenso, cada caída en tu vida tiene un fin mucho mayor, un fin más divino, que es la elevación, el brotar nuevamente como un manantial de amor y sabiduría para un día volver al padre eterno transformada en una conciencia de luz purísima.
En el libro de Proverbios 24:16 nos dice así: «Siete veces caerá el justo y se levantará.» Ya sabes que el número 7 es el número sagrado, el número del orden divino, de lo natural. Así, tal y como cae el alma, se vuelve a levantar, porque para eso cae. Todo en el proceso de transformación y elevación de tu alma sigue un patrón divino.
Todas tus caídas son un impulso hacia una elevación superior. Esta enseñanza te brinda la oportunidad de comenzar a comprenderte, de comenzar a comprender el porqué de tus caídas. El porqué tu alma grita y, sobre todo, el porqué eres un ser de luz. Ahora domprendes también porque eres abundancia, riqueza, amor, salud. Provienes de la conciencia infinita, del palacio del padre, y alcanzar la plenitud es el deseo de tu alma, amado mío. Ya comprendes también el porqué es importante trabajar por aquello que tu alma anhela. Si dejas de luchar por lo que amas, deseas y quieres, dejarás a tu alma encarcelada y gritando de dolor. Cada segundo de tu vida es importante. El regreso al padre, a la conciencia cosmica de la que un día partiste debes hacerlo con todos los honores amado mío, pura y tan brillante como el corazón del mismo Dios.
¡¡Te amo!!
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