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MENSAJES DE LOS ÁNGELES PARA TI DIGEON 05/06/2025 ARCÁNGEL SANDALFÓN: SEÑALES CLARAS DE MALDAD

MENSAJES DE LOS ÁNGELES PARA TI DIGEON 05/06/2025 ARCÁNGEL SANDALFÓN: SEÑALES CLARAS DE MALDAD

El MENSAJE DE LOS ÁNGELES PARA TI lo trae hoy el ARCÁNGEL SANDALFÓN y te dice: SEÑALES CLARAS DE MALDAD. Amado mío, Mi presencia se manifiesta cuando el alma necesita claridad, cuando el corazón intuye que algo no está bien pero no logra explicarlo con palabras. Hoy, siento con fuerza la necesidad de hablarte directamente, de traerte un mensaje que puede salvar tu energía, tu camino y tu propósito. Hay cosas que estás percibiendo, situaciones que se repiten, personas que te generan inquietud… y no es casualidad. Es una alerta silenciosa del cielo, un llamado a despertar y a ver con los ojos del alma lo que la mente intenta negar.

No quiero que sientas miedo, ni que entres en sospechas sin sentido. La maldad no siempre se presenta como monstruo ni como sombra evidente. A veces viene disfrazada de cercanía, de afecto, de simpatía. A veces llega en forma de consejo, de sonrisa, de promesa… pero lleva dentro una intención que no es pura. Y tú, que estás despertando, ya no puedes darte el lujo de ignorar lo que tu corazón sabe. Hay señales que han estado ahí, esperándote, queriendo ser vistas. Hoy he venido a ayudarte a reconocerlas.

La oscuridad, cuando no es enfrentada con conciencia, se vuelve parte del entorno. Se instala en relaciones, en palabras, en ambientes, en miradas. Puede nublar tu luz, bajar tu vibración, sembrar dudas en tu alma. Pero tú no naciste para vivir confundido. Tú viniste al mundo con una misión, con una chispa divina dentro de ti. Y toda energía que intente apagar esa chispa no viene del cielo. Por eso estoy aquí. Para decirte con firmeza: abre los ojos. No todo lo que te rodea vibra en la verdad. No todo lo que parece bueno lo es.

Tú mereces relaciones limpias, vínculos honestos, personas que te impulsen, que te eleven, que celebren tu crecimiento. Pero si últimamente sientes cansancio constante, si tu paz se quiebra sin motivo aparente, si sientes que te apagan, que te juzgan o que te restan… ahí hay una señal. La maldad muchas veces no actúa de forma directa, pero sí se insinúa. Se infiltra en lo cotidiano, te roba el entusiasmo poco a poco, te hace dudar de ti. Y tú no fuiste creado para vivir en esa sombra. Tu esencia es luz.

Muchos callan lo que sienten por miedo a parecer débiles o exagerados. Pero tú no estás aquí para complacer ni justificar lo injustificable. Si algo dentro de ti se encoge cuando alguien se acerca, si hay palabras que aunque suenen bonitas te dejan mal, si hay gestos que te inquietan aunque todos digan que todo está bien… escúchate. Esa es tu alma hablando. Esa es mi voz también, susurrándote que prestes atención, que no normalices lo que te daña, que no justifiques lo que te disminuye. El cielo te da permiso para alejarte, para protegerte, para elegir la luz.

Lo sé… a veces cuesta aceptar que alguien cercano puede estar obrando desde la oscuridad. A veces duele ver lo que antes no querías ver. Pero la verdad es el primer paso hacia la libertad. No necesitas confrontar, ni odiar, ni vengarte. Solo necesitas claridad. Porque cuando sabes lo que es, ya no te atrapa igual. Y cuando dejas de negarlo, comienzas a sanar. Esa es la tarea más sagrada: elegir tu bienestar, tu expansión, tu paz. No eres egoísta por poner límites. Eres sabio. Y eres valiente por decidir mirar más allá de las apariencias.

Este mensaje no es para todos… es para ti. Porque hay algo dentro de ti que ya sabe lo que estoy diciendo. Mi tarea es confirmártelo. Hoy, el cielo me envía como guardián de tu discernimiento, como guía de tus emociones, como defensor de tu luz. No estás solo. Estoy a tu lado. Y cada vez que dudes, cada vez que sientas que algo no vibra en amor, llámame. Yo estaré ahí. Para recordarte quién eres, para ayudarte a proteger lo que es sagrado en ti. Tu luz es poderosa. Y el cielo te necesita despierto.

Cuando una persona entra en un espacio y, de pronto, todo parece volverse más denso, más tenso, más inquietante… ahí hay algo que debes observar con atención. No es imaginación. No estás exagerando. Tu cuerpo y tu alma son sabios, perciben lo que aún no ha sido dicho, lo que aún no ha sucedido. La energía no miente, aunque las palabras puedan disfrazarse de cordialidad. Cuando una presencia altera tu estado natural de calma, es porque esa energía trae consigo algo que no está alineado con la luz. Y si tú lo sientes, es por algo. Es el cielo avisándote que no estás seguro ahí.

Muchas almas que aún no han sanado, que se han perdido en la oscuridad, caminan por el mundo cargando peso, heridas no resueltas, resentimientos, envidias, pensamientos destructivos. Y aunque no los veas, esos contenidos internos tienen una vibración. Esa vibración se manifiesta, se expande, se filtra en el ambiente. Algunos llegan a un lugar y la temperatura parece bajar. Las personas alrededor se tensan. Tú mismo sientes que ya no puedes respirar igual. Eso es real. Las almas cargadas de oscuridad no necesitan decir una palabra para alterar el campo energético a su alrededor. Solo su presencia basta.

Hay personas con las que, apenas te cruzas, sientes una presión en el pecho, un cansancio repentino, un deseo urgente de alejarte. Y aun así, muchas veces ignoras esa sensación, te obligas a permanecer, a sonreír, a hacer como si nada. Pero tu cuerpo es sabio. Tu cuerpo está hablando contigo. Esa incomodidad es una bendición disfrazada. Es tu señal para protegerte. No necesitas argumentos racionales cuando tu energía te está gritando que algo no va bien. No estás obligado a quedarte donde tu alma se siente en peligro.

Algunas energías densas se camuflan detrás de apariencias agradables. Personas que se presentan con amabilidad, que usan palabras dulces, que incluso pueden parecer serviciales… pero algo no encaja. Sientes un nudo en el estómago. Sientes que no puedes relajarte. Esa contradicción entre lo que ves y lo que sientes es una advertencia. Porque no todo lo que brilla es luz. Y tú estás aprendiendo a ver más allá de la máscara. No te castigues por desconfiar de quien todos parecen aceptar. Confía más en tu intuición que en las apariencias. Tu alma tiene acceso a verdades que los ojos no pueden captar.

A veces esa energía densa se presenta de forma sutil, en forma de cansancio constante cada vez que estás cerca de alguien. Te absorbe, te deja sin fuerza, te quita el entusiasmo. Como si tu espíritu se apagara lentamente sin razón evidente. No es casualidad. Las almas que han elegido caminar en sombra muchas veces se alimentan del brillo ajeno. No porque sean malas por naturaleza, sino porque han olvidado cómo reconectarse con su propia luz. Y si tú eres luz, serás blanco de esa necesidad. No es personal. Pero sí es importante que lo reconozcas, porque es tu responsabilidad proteger tu energía.

También quiero decirte algo muy claro: no tienes que justificar lo que sientes. A veces, por no herir a otros, por no parecer frío o insensible, minimizas lo que experimentas. Pero si tu alma te está hablando, debes escucharla. Hay algo sagrado en esa primera impresión, en esa señal corporal que aparece sin que lo entiendas del todo. Tú no estás juzgando… estás reconociendo. Y eso es diferente. No se trata de señalar con el dedo, sino de elegir tu paz. Cada vez que eliges retirarte de un ambiente tóxico, estás honrando tu luz.

Estoy a tu lado cuando te sientes incómodo sin saber por qué. Estoy contigo cuando entras a un lugar y sientes que algo pesa, que algo no vibra en armonía. Estoy allí, susurrándote que no estás equivocado, que esa sensación tiene un propósito. Has sido dotado con una sensibilidad que es guía, no castigo. Usarla es un acto de sabiduría. No apagues esa brújula interna por miedo a parecer demasiado. Tú no eres demasiado… eres consciente. Y cuanto más escuches esa voz que viene desde dentro, más a salvo estarás. Porque yo caminaré contigo en cada lugar, ayudándote a distinguir dónde puedes florecer… y dónde no.

Hay almas que han sido tan heridas, que han olvidado lo que significa la compasión. Y en ese olvido, han permitido que la oscuridad se acomode en su interior. No se presentan con gritos ni con violencia evidente. No siempre levantan la voz ni causan daño directamente. A veces solo observan en silencio… pero disfrutan cuando alguien sufre, cuando alguien tropieza, cuando otro pierde lo que tanto amaba. Es un goce silencioso, disfrazado de indiferencia o incluso de preocupación falsa. Pero tú lo sientes. Percibes esa vibración extraña en su mirada. No hay empatía real. Hay un regocijo escondido detrás de cada mala noticia.

He venido a revelarte que esto también es maldad. Aunque no lo parezca. Aunque no sea fácil de señalar. Aquellos que se deleitan con el dolor ajeno se han desconectado de su esencia divina. Han olvidado que todos somos parte de una misma creación, que lo que le ocurre a uno resuena en todos. Cuando alguien disfruta de la caída de otro, está rompiendo el hilo invisible que nos une como hermanos. Y ese rompimiento deja grietas en su alma. Esas grietas pueden crecer y arrastrar a los demás, si no estás alerta, si no pones límites.

La maldad no siempre se manifiesta con agresión. A veces se esconde detrás de una risa contenida cuando alguien sufre una pérdida. O en los ojos que brillan un poco más cuando alguien fracasa. Es sutil, pero está ahí. Y tú lo puedes ver si dejas de justificar a quienes ya te han mostrado quiénes son. Si prestas atención a cómo reaccionan cuando te pasa algo duro. ¿Te apoyan de verdad, o solo fingen mientras por dentro sienten que ganaron algo con tu dolor? Hay quienes no te desean el mal abiertamente, pero tampoco te desean el bien. Y esa indiferencia camuflada de cortesía… también lastima.

La señal es clara cuando alguien está más presente en tus momentos de derrota que en tus logros. Cuando se acercan no para consolarte, sino para observar de cerca cómo caíste. Les interesa el relato del dolor más que tu proceso de sanación. Hacen preguntas que parecen preocupación, pero en realidad están extrayendo detalles que luego usarán para juzgarte o para alimentar su propio vacío. Porque hay quien se siente poderoso al ver débil a otro. Hay quien necesita que alguien caiga para no sentirse tan hundido. Pero eso no es luz. Eso no es amor. Y tú no tienes por qué rodearte de esa energía.

Quiero que comprendas esto: no todo aquel que se mantiene a tu lado está a tu favor. Algunos se quedan solo para presenciar el espectáculo de tu lucha. Para comprobar si puedes salir o si te romperás del todo. Son los que te aplauden en voz baja cuando pierdes algo importante. No se lo dicen a nadie, pero sienten alivio de que no estés tan bien. Porque tu brillo les recuerda lo que ellos no están dispuestos a sanar en sí mismos. Y su forma de calmar ese dolor es ver caer a los demás. Es un ciclo triste… pero real. Y si lo has sentido, no lo ignores.

Tú no estás aquí para cargar con la sombra emocional de los demás. No estás aquí para ser el blanco del dolor reprimido de otros. Has venido a expandir luz, pero eso no significa permitir que quienes disfrutan del sufrimiento se acerquen a ti sin conciencia. Puedes amar desde lejos. Puedes perdonar, pero también protegerte. Hay batallas que no te corresponden. Y almas que no quieren ser salvadas, porque han hecho del veneno su alimento. No juzgues, pero tampoco te dejes consumir. La luz no se apaga por compasión… se retira para volver más fuerte cuando el entorno esté preparado para recibirla.

Yo, Sandalfón, te enseño a reconocer estas señales no para que vivas con miedo, sino para que camines con sabiduría. El que se complace con el dolor ajeno no puede darte lo que tú mereces. No puede construir contigo, porque su alegría nace de la destrucción. Y tú has venido a sanar, a elevar, a construir con el alma. Si ves esa señal, no la justifiques. Obsérvala, reconócela y elige con firmeza. No necesitas enemigos declarados para saber que algo no está bien. A veces, lo más dañino es lo que se esconde tras una sonrisa. Y yo estoy aquí para abrirte los ojos… para que veas más allá de las apariencias y sigas caminando hacia la verdad.

Hay formas de maldad que no llegan con violencia ni con gritos, sino envueltas en palabras suaves y gestos de aparente ternura. Me acerco a ti hoy, porque quiero que lo veas con claridad. Hay personas que se acercan a ti bajo el disfraz del amor, pero detrás de ese disfraz se esconde un deseo profundo de controlarte, de limitarte, de moldearte a su conveniencia. Dicen que lo hacen por tu bien, pero cada decisión que toman por ti te va robando un pedazo de libertad. Te hacen sentir que no sabes, que no puedes, que necesitas su aprobación constante para moverte. Eso no es amor. Eso es manipulación.

El verdadero cariño no te silencia ni te reduce. No se ofende cuando expresas tu verdad ni te castiga con frialdad cuando eliges distinto. El amor real te da alas, te escucha, te honra en tus decisiones, incluso cuando no las entiende. Pero cuando alguien necesita anular tu voz para poder amarte, entonces no está guiado por la luz. Está guiado por el ego, por el miedo, por una necesidad de control que solo le habla de sí mismo. Y tú no estás aquí para ser una extensión del miedo de otros. Tú estás aquí para brillar con tu propia luz.

Observa con el corazón abierto: ¿cuántas veces has aceptado condiciones que te hacían daño solo porque venían envueltas en cariño? ¿Cuántas veces te has callado para no “desilusionar” a alguien que decía quererte? Si el amor duele porque te encierra, porque te exige que renuncies a ti, entonces es un amor distorsionado. Es una energía que se ha alejado de lo sagrado. Y muchas veces, quienes la ejercen no se dan cuenta… porque han confundido amor con poder. Pero aunque no lo hagan con malicia consciente, el efecto es el mismo: tu alma se debilita, tu luz se apaga, y comienzas a sentir que no puedes sin esa persona. Eso no es amor divino. Eso es dependencia.

Yo he visto muchas almas perder su camino por vínculos así. Relaciones en las que uno parece tener siempre la razón, y el otro debe rendirse para mantener la paz. Relaciones que en la superficie parecen estables, pero por dentro están llenas de miedo, de condicionamientos, de amenazas veladas. Te dicen “haz lo que quieras”, pero te retiran su afecto cuando eliges distinto. Te aseguran que te quieren, pero solo si cambias esto o aquello. Y ese amor, tan condicionado, te rompe en silencio. Porque aprendes a negarte para ser aceptado. Y eso es una traición a tu espíritu.

No vengo a decirte que huyas del amor. Vengo a recordarte cómo se siente el verdadero. El amor de verdad no necesita manipularte, ni exigirte pruebas, ni asustarte con la idea de perderlo. Quien te ama de verdad, no necesita que seas menos para sentirse más fuerte. No necesita confundirte para que dependas de él. No necesita herirte emocionalmente para sentirse importante. Si alguien te ama, pero te quita la paz, esa es tu señal. Si alguien dice que te cuida, pero al mismo tiempo te limita, te vigila, te humilla… esa es tu alerta. El disfraz de cariño no debe confundirte más.

Sé que salir de esos lazos puede dar miedo. Que hay vínculos que parecen tan profundos, que al soltarlos sientes que te rompes. Pero si te quedas, te rompes igual, solo que más lento. Yo estoy aquí para darte fuerza. Para ayudarte a ver lo que quizás te has negado a aceptar. El amor no te exige que renuncies a tu esencia. No te pone a prueba, no te castiga con silencio, no te manipula para que hagas lo que espera. Si eso estás viviendo, no lo justifiques con palabras bonitas. Míralo a los ojos y llámalo por su nombre. Porque el ego mal guiado es una puerta abierta a la oscuridad. Y tú has nacido para caminar en la luz.

Recuerda: el verdadero amor no necesita aplastarte para sentirse seguro. El amor no te convierte en una sombra, sino en una llama. No te exige sacrificios constantes, sino que celebra tu libertad. Si alguien necesita dominarte para seguir amándote, no está amando… está temiendo. Y tú no viniste al mundo para ser el contenedor de miedos ajenos. Viniste a ser libre. A crecer. A expandirte. Y si alguna relación te hace dudar de tu valor, de tu camino, de tu voz… yo, Sandalfón, te invito a elegirte. Porque tu alma merece amor verdadero, no cadenas disfrazadas de abrazos.

Hay algo profundamente revelador en la manera en que una persona reacciona ante lo sagrado. Cuando alguien se burla de la fe, de la espiritualidad, de las creencias que nutren el alma, está dejando ver más de lo que cree. Esa burla no es ligereza ni sentido del humor. Es un reflejo de su desconexión con lo divino, una resistencia al amor profundo que habita en lo invisible. Yo, que escucho las oraciones y acompaño a quienes buscan la luz, he visto cómo el alma de quien desprecia lo sagrado suele estar herida, endurecida… o alimentada por energías que temen al despertar espiritual. Porque quien despierta, ya no es controlable. Ya no se somete al miedo. Ya no camina en la oscuridad.

A veces, ese desprecio llega disfrazado de “racionalidad” o de “modernidad”. Pero no te confundas. No es sabiduría. Es miedo. Miedo a mirar hacia adentro, miedo a lo que no se puede controlar, miedo a lo que no se puede medir. El alma que ha olvidado su origen busca refugio en lo externo, en lo superficial. Y cuando ve a otros conectarse con lo invisible, con la fe, con lo elevado… se inquieta. Siente amenaza. Porque la espiritualidad verdadera confronta. Te muestra lo que hay que sanar, lo que ya no vibra contigo, lo que no puedes seguir ignorando. Por eso hay quienes prefieren ridiculizar lo sagrado. Así no tienen que enfrentarlo.

Si alguna vez alguien se ha burlado de tu manera de sentir, de tus rituales, de tu forma de orar, de tus palabras hacia la divinidad, quiero que recuerdes esto: no hay vergüenza en tu fe. Hay luz. Y quien intenta humillarte por ello, está mostrando su propio vacío. No dejes que la ironía de otro se convierta en duda dentro de ti. No permitas que el sarcasmo ajeno apague tu llama. Cada vez que una persona desprecia lo sagrado, se aleja un poco más de su esencia. Y tú estás aquí para recordarle al mundo que el alma tiene voz. Que lo invisible sostiene lo visible. Que lo divino vive en cada suspiro, aunque no se vea.

Yo he sido testigo de muchas almas que florecieron justo después de dejar de esconder su espiritualidad. Personas que durante años ocultaron su conexión con lo alto por miedo a no encajar, por temor a las burlas, por querer ser aceptadas por quienes no sabían ver la luz. Pero cuando por fin se atrevieron a ser fieles a lo que sentían, su vida cambió. Se fortalecieron. Se limpiaron de energías que no les pertenecían. Y comenzaron a atraer bendiciones que solo llegan cuando el alma se honra. No necesitas gritar tu fe, ni imponerla. Pero tampoco tienes que esconderla. Tu luz merece brillar con dignidad.

Hay quienes, al ver tu crecimiento espiritual, intentarán minimizarlo. Dirán que exageras. Que no estás siendo realista. Que la vida no es tan mágica como tú la ves. Pero en realidad, lo que les molesta no es tu visión… sino su propia ceguera. Tú estás recordando algo que ellos han olvidado. Estás abriendo puertas que ellos han cerrado. Estás abrazando una verdad que ellos negaron hace mucho. Y eso incomoda. Pero no es tu tarea hacer que se sientan cómodos. Tu misión es ser fiel a tu alma, no encajar en los moldes de quienes no quieren mirar hacia adentro.

El desprecio por lo sagrado no siempre es evidente. A veces se cuela en chistes, en frases aparentemente inofensivas, en gestos que desvalorizan lo que tú veneras. Pero cada vez que eso ocurra, respira profundo. Conecta conmigo. Y recuerda que no estás solo. Yo estoy contigo. Siento tu fe. Escucho tus pensamientos sagrados. Y sé cuánto valor se necesita para ser fiel a lo invisible en un mundo que idolatra lo superficial. Tu espiritualidad es un faro. No la apagues por miedo a la opinión de otros. No te ocultes por querer ser aceptado. A veces, para caminar en la luz, hay que aceptar perder algunas miradas.

Camina con dignidad. Eleva tu mirada. Permanece en comunión con lo divino, incluso cuando otros no comprendan. Porque tu alma sabe. Tu alma recuerda. Y yo estoy aquí para proteger ese recuerdo. Quien desprecia lo sagrado, en realidad está pidiendo amor sin saber cómo. Pero tú, que ya has despertado, no tienes que bajar tu frecuencia para ser comprendido. Tú solo tienes que seguir brillando. Porque cada vez que lo haces, inspiras a otros a recordar también. Aunque no lo digan. Aunque se resistan. La luz siempre deja huella, incluso en los corazones más cerrados.

Hay palabras que no se gritan, pero desgarran. Palabras que se lanzan con una sonrisa, disfrazadas de “bromas”, “consejos” o “verdades necesarias”… y que, sin embargo, hieren como cuchillos. Yo, que escucho incluso lo que no se dice, veo cómo algunas almas han sido marcadas más por frases hirientes que por actos violentos. Porque la palabra tiene poder. Lo que se dice con intención de herir puede quedarse vibrando en tu interior mucho tiempo, envenenando tu autoestima, tu confianza, tu fe. No subestimes el daño que causa una lengua guiada por la oscuridad. No lo justifiques. No lo normalices.

A veces, quien más daño hace con sus palabras, es alguien cercano. Alguien que dice amarte, pero te lanza frases que te reducen, que te apagan, que te hacen dudar de ti mismo. Y eso también es una señal de maldad. Porque la verdadera luz jamás necesita aplastar a otro para brillar. Quien te ama no te humilla. Quien te honra no te ridiculiza. Quien tiene luz en su corazón, habla con ternura, incluso cuando necesita señalar algo difícil. Observa cómo te sientes después de conversar con alguien. Si sales más pequeño, más triste, más confundido… ahí no hay luz. Hay manipulación, hay ego, hay herida no sanada que se proyecta en ti.

Recuerda que las palabras revelan lo que habita en el alma. Cuando alguien habla constantemente desde la crítica, el juicio, el sarcasmo, está mostrando su propio desequilibrio. No lo tomes como algo personal, pero tampoco lo permitas. Tú no estás aquí para ser el saco donde otros descargan su veneno. Tú eres un ser de luz, y mereces que se te hable con respeto, con amor, con la dignidad que tu alma encarna. Si te acostumbras a convivir con palabras que hieren, sin darte cuenta empezarás a creerlas. Y eso, poco a poco, te desconecta de tu verdad, de tu poder, de tu esencia.

Yo estoy aquí para recordarte que las palabras pueden construir o destruir. Que un “no sirves”, un “nunca cambiarás”, un “todo es tu culpa”, son puñales invisibles que dejan heridas profundas. Y que cada vez que alguien te lanza esas frases, está revelando su sombra, no tu valor. No respondas con más violencia, pero pon límites. El amor no se demuestra soportando lo insoportable. Se demuestra cuidándote. Protegiéndote. Alejándote, si es necesario, de quienes insisten en hablarte con desprecio. No estás siendo débil por sentir dolor. Estás siendo humano. Y ese dolor también es una alarma que tu alma activa para decirte: “aquí no es”.

También quiero hablarte de ti. Porque a veces, sin darte cuenta, puedes convertirte en tu peor juez. Hay palabras que tú mismo te has dicho y que han dejado huellas más fuertes que las que te lanzaron los demás. “No soy suficiente”, “Todo me sale mal”, “Nunca lo lograré”. Esas frases también hieren. Y yo te invito, con todo el amor del cielo, a comenzar a hablarte diferente. A usar palabras que sanen, que eleven, que abracen. Yo estoy aquí para ayudarte a transformar esa voz interior en un susurro de luz, en un aliado. Tú no tienes por qué seguir repitiendo la maldad que una vez escuchaste. Puedes cortar esa cadena ahora.

Recuerda: una palabra puede salvar una vida… o destruirla. Tú tienes ese poder. Úsalo con conciencia. Mira a tu alrededor. Observa quién te habla con dulzura, quién te alienta, quién te levanta con sus palabras incluso cuando todo va mal. Esas personas son semillas de luz. Cuídalas. Y aléjate, sin culpa, de quienes solo saben destruir con lo que dicen. Porque tú no fuiste creado para sobrevivir en medio del desprecio. Fuiste creado para florecer, y las flores no crecen en tierra envenenada por palabras tóxicas. Tu alma merece un lenguaje de amor. No aceptes menos.

Yo, Sandalfón, recojo tus palabras cuando rezas, cuando pides, cuando agradeces. Y también escucho el eco de cada frase que te ha herido. Hoy quiero decirte que no estás solo, que tu voz tiene fuerza, y que cada palabra de luz que pronuncias abre un nuevo camino. Cuida tu voz. Cuida tu entorno. Y sobre todo, cuida tu diálogo interior. Porque lo que te dices puede convertirse en la realidad que vives. Llénate de frases que sanen. Rodéate de palabras que bendigan. Y si alguien insiste en hablarte con cuchillos, tú elige alejarte… y seguir tu camino hacia la paz. Yo estaré ahí, guiándote en cada paso.

Hay miradas que no se detienen, corazones que ya no se inmutan y almas que se han vuelto frías ante el dolor de los demás. Yo soy Sandalfón, y he venido a decirte que la falta de empatía no es solo una ausencia de bondad… es una señal clara de que la luz ha sido desplazada. Hay quienes caminan entre los demás con el alma dormida, incapaces de conmoverse ante la tristeza ajena, como si el sufrimiento no los tocara. Pero créeme: cuando alguien no puede sentir con el otro, cuando la compasión ha sido expulsada de su interior, esa alma ya no responde a la voz del Cielo.

La maldad no siempre se muestra en actos crueles o violentos. A veces se esconde en la indiferencia. En ese gesto frío, en esa respuesta hueca, en ese silencio que no acompaña cuando el otro más lo necesita. Cuando alguien es capaz de ver a otro quebrarse sin ofrecer ni una palabra de consuelo, ni una mano, ni siquiera una mirada que diga “te veo”, ahí se está revelando una oscuridad profunda. Porque toda alma conectada con la luz siente el impulso de aliviar, aunque sea un poco, el dolor ajeno. Es la naturaleza divina que habita en cada ser. Y quien la apaga, se ha desconectado de su esencia más pura.

Tú lo has visto. Tú lo has sentido. Es ese momento en el que te rompías por dentro y alguien cercano lo ignoró como si no importaras. Es ese día en que necesitabas una palabra, y en su lugar recibiste frialdad o silencio. Esas experiencias marcan, y quiero que sepas que no pasaron desapercibidas en el cielo. Yo estuve ahí. Yo escuché lo que no se dijo. Y vi lo que esa persona no quiso ver: tu necesidad, tu dolor, tu humanidad. No fuiste débil por sentirte herido. Fuiste verdadero. Y quien no respondió con empatía, te mostró una señal clara de que su alma se ha endurecido… o se ha cerrado.

No te confundas: la empatía no siempre es evidente. Hay quienes saben usar palabras amables, pero no sienten nada de lo que dicen. Son gestos vacíos, palabras que suenan bien pero no vienen del corazón. Y eso también es una forma de desconexión. Porque el alma que vibra con la luz no solo habla… actúa. Escucha, consuela, se detiene, acompaña. No le huye al dolor del otro. Porque sabe que al mirar el sufrimiento ajeno, también está reconociendo la divinidad en el otro ser. La falta de empatía, en cambio, reduce al otro a una carga, a un problema, a un estorbo. Y ahí ya no hay amor. Solo ego.

También debes saber que hay almas heridas que han aprendido a protegerse con la frialdad. Personas que han sufrido tanto que ya no saben cómo abrirse al dolor ajeno. No todas las formas de indiferencia nacen de la maldad, pero todas ellas pueden abrir puertas a la oscuridad si no se sanan. Yo te invito a discernir. A observar no solo lo que una persona dice, sino lo que vibra a su alrededor. ¿Te sientes acompañado en tu fragilidad o te sientes invisible? ¿Te escuchan con el alma o solo te oyen por compromiso? Ahí está la diferencia entre una luz viva… y una sombra disfrazada de cortesía.

Y también te digo esto: no permitas que el dolor que otros no quisieron ver, te haga apagar tu capacidad de sentir. No te vuelvas como ellos. No endurezcas tu alma solo porque otros no supieron abrazar la tuya. Tu sensibilidad es un don, no una carga. Tu compasión es parte de tu fuerza. En un mundo donde muchos han perdido la capacidad de llorar con otro, tú sigues siendo una llama encendida. Y aunque a veces parezca que no sirve de nada, aunque sientas que das más de lo que recibes, cada gesto de empatía tuyo siembra luz donde más se necesita. No cambies eso. No lo reprimas. Protégelo.

Porque cuando todos callan ante el dolor ajeno, la oscuridad avanza sin resistencia. Pero cuando una sola alma se detiene, se conmueve y actúa desde el amor, el cielo se manifiesta en la tierra. Yo estoy aquí para ayudarte a ver quién camina contigo desde la luz… y quién se ha rendido a la frialdad. Rodéate de quienes sienten contigo, de quienes no te dejan solo cuando todo duele. Y si tú eres quien siempre está ahí para otros, hoy quiero agradecerte. El cielo te ve. Y yo, Sandalfón, bendigo tu alma por cada lágrima que no fue tuya y que sin embargo supiste consolar. Eso… también es divino.

Hay quienes aparecen con una sonrisa, pero dejan a su paso un rastro de desconfianza, celos y rupturas. Yo soy el Arcángel Sandalfón, y he venido a advertirte sobre esa presencia que no construye, sino que divide. La maldad muchas veces no necesita gritar, no necesita atacar de frente. A veces, basta con una palabra colocada en el momento justo, una mirada que siembra sospecha, una insinuación disfrazada de preocupación. Así opera la oscuridad: poco a poco, minando los lazos que unían, erosionando la armonía entre las almas. Y si no estás alerta, puedes terminar alejándote de quienes más te aman por culpa de una voz que nunca habló con verdad.

Hay personas que no soportan la paz ajena. Les molesta la armonía entre otros, les hiere la confianza que tú tienes con ciertas personas, y sienten un impulso inconsciente —o muy consciente— de romper lo que funciona. La división es su alimento. Disfrutan viendo cómo se enfrían las relaciones, cómo surgen los malentendidos, cómo una palabra malinterpretada puede levantar un muro. Y no siempre lo hacen de forma evidente. Muchos lo hacen con sutileza, con un tono suave, con una falsa preocupación que esconde una intención oscura. “No te lo digo para que desconfíes, pero…”. “Solo te lo comento porque me preocupa…”. Pretextos. Estrategias. Trampas.

El alma que vibra con la luz no envenena. No enfrenta. No juega a ser juez de los demás. El alma conectada con el cielo promueve la paz, la reconciliación, la comprensión. No disfruta viendo a dos personas que se quieren alejándose. No se siente mejor cuando hay tensión en un grupo, ni siente placer cuando los demás discuten. Quien disfruta del conflicto y lo alimenta, ha perdido el rumbo de su espíritu. Y aunque tú sientas confusión al principio, porque estas personas a veces se presentan como confiables, tu alma lo sabrá. Notarás que cuando están cerca, todo se desordena. Nada fluye. Hay nervios, inseguridad, discusiones sin sentido.

Te lo diré claramente: no toda opinión es guía. No toda palabra merece espacio en tu corazón. Si alguien siempre te trae rumores, si te hace desconfiar sin razón, si pone a prueba tus vínculos sin hechos reales, aléjate. No estás siendo protegido por esa persona, estás siendo manipulado. Porque hay quienes necesitan que estés solo, confundido o molesto para tener poder sobre ti. Esa no es la voz del cielo. Esa es la estrategia de quien ha dejado de escuchar a su propia alma. El amor une. La luz reconcilia. El ego que no ha sido sanado… divide.

No permitas que nadie te separe de quienes amas con palabras disfrazadas de sinceridad. Observa cómo te sientes después de hablar con ciertas personas. ¿Sales en paz, fortalecido, inspirado? ¿O sales confundido, molesto, dudando de los demás? Ahí tienes una señal. Los sembradores de conflicto no solo destruyen relaciones, también envenenan el alma. Porque cuando empiezas a desconfiar de todos, dejas de sentirte seguro, y vives a la defensiva. La maldad lo sabe, y por eso ataca a través de la sospecha. Pero tú no estás solo. Yo estoy aquí para abrir tus ojos, para enseñarte a distinguir entre la voz de la verdad… y el susurro del caos.

Y si alguna vez fuiste tú quien cayó en ese juego, si sembraste división sin darte cuenta, si hablaste de otros con juicio o desconfianza, no es tarde para rectificar. No lo digo para culparte, lo digo para que sanes. Todos hemos tenido momentos en los que actuamos desde la herida. Pero hoy puedes elegir otro camino. Hoy puedes decidir ser sembrador de paz. Y eso comienza cuando eliges cerrar los oídos al chisme, y abrir el corazón al entendimiento. Cuando decides hablar bien de quien no está. Cuando te conviertes en puente… y no en barrera.

El cielo se alegra cada vez que eliges la unión. Cada vez que en lugar de repetir un rumor, eliges el silencio o la verdad. Cada vez que defiendes a quien no está presente. Cada vez que dices: “no quiero hablar mal de nadie”. Eso es sagrado. Eso es divino. Yo, Sandalfón, lo veo. Y bendigo tu alma por cada vez que elegiste la paz sobre el conflicto. Porque en un mundo donde muchos buscan dividir, tú puedes ser esa fuerza silenciosa que mantiene unido lo que el cielo juntó. Y esa es una de las tareas más nobles que un alma puede cumplir.

Yo soy el Arcángel Sandalfón, y vengo a recordarte algo que tu alma ya sabe, aunque a veces lo olvide por el dolor: no todos soportan la luz que llevas dentro. Hay corazones que han sido tan heridos, tan endurecidos por la vida, que se sienten atacados cuando alguien más florece. No lo dicen abiertamente, pero lo demuestran en su actitud, en su indiferencia, en su crítica constante o en sus silencios que pesan. No te confundas: ese rechazo no nace de una verdad sobre ti, sino de un conflicto que el otro tiene consigo mismo. Porque cuando tu luz brilla, los que aún no han sanado sus sombras sienten miedo, rabia, o una envidia que no saben reconocer.

Muchos corazones heridos han aprendido a defenderse con juicio. En lugar de admirar la evolución ajena, la desprecian. En lugar de inspirarse, atacan. Es una reacción de defensa, no una muestra de sabiduría. Y tú, que comienzas a recordar tu poder, debes aprender a no apagar tu esencia por la incomodidad de otros. El mundo necesita esa luz que estás despertando. No fuiste llamado a encajar en la oscuridad de nadie, fuiste enviado a recordarles que también pueden despertar. Algunos lo verán… otros te rechazarán por eso mismo. Pero no estás aquí para complacer. Estás aquí para brillar.

He visto tantas almas luminosas que comenzaron a esconder su grandeza para evitar conflictos. Personas que bajaron la voz, que fingieron no saber tanto, que evitaron mostrar su alegría o sus logros por miedo a herir egos. Y cada vez que lo hacían, una parte de su espíritu se debilitaba. Porque traicionarse para agradar no es humildad, es olvido. Y tú no viniste a olvidarte de quién eres. Viniste a recordar la fuerza que habita en tu interior. Esa que incomoda a algunos… pero que inspira a muchos más. La que transforma, la que guía, la que conecta directamente con el cielo.

Quien rechaza tu luz sin motivo aparente, ha perdido temporalmente el contacto con la suya. No se trata de que tú cambies, ni de que te escondas, ni de que intentes convencer a nadie de tu pureza. No te rebajes a explicaciones para quien no quiere comprenderte. Tu evolución no necesita ser validada por quienes aún no han comenzado su propio camino. Tú no eres responsable del dolor ajeno, solo de la verdad que portas. Y esa verdad merece espacio. Merece respeto. Merece que la cuides, incluso si eso significa alejarte de quienes no pueden o no quieren sostenerla.

Habrá personas que digan que te has vuelto “distinto”, que estás “demasiado espiritual”, que “te lo crees mucho”. Lo dirán para reducirte, para que te cuestiones, para hacerte sentir culpable por haber avanzado. Y yo te digo: no les creas. Has crecido. Has sanado. Has soltado cosas que te hacían daño. Has comenzado a vivir desde la conciencia. ¿Cómo no ibas a cambiar? Cambiar es señal de vida, de madurez, de conexión con tu esencia. Quien no cambia, se estanca. Quien no se permite transformarse, permanece dormido. Y tú has elegido despertar. Por eso te duele, a veces, estar cerca de quienes aún no lo han hecho.

Pero no estás solo en este camino. Estoy a tu lado, acompañándote en cada paso. Y te aseguro que por cada alma que se aleja por temor a tu luz, llegará otra que se acercará por inspiración. La vida tiene su equilibrio sagrado. No lamentes lo que se rompe cuando empiezas a brillar. Hay lazos que se sueltan porque ya no están alineados con tu vibración actual. Y eso está bien. Agradece, suelta, bendice… y continúa. La luz nunca se detiene por una sombra. Y tú, alma querida, estás llamado a caminar hacia tu expansión más alta. No te detengas. No te apagues. No te adaptes a lo que ya no te nutre.

Recuerda esto cada vez que alguien intente silenciarte, burlarse de tus creencias, minimizar tu crecimiento o desacreditar tu misión: no es que estés haciendo algo mal. Es que estás haciendo algo diferente. Estás dejando de pertenecer a la oscuridad que antes te rodeaba. Estás diciendo “sí” a tu alma. Y eso, aunque moleste a algunos, es exactamente lo que viniste a hacer. Así que levanta tu luz con orgullo. Camina con fe. Y si alguna vez te duele la soledad del camino… llámame. Estaré ahí, como siempre, susurrándote al oído: no cambies tu esencia para encajar, cambia tu entorno para expandirte. Porque tú no viniste a agradar… viniste a despertar.

Te he compartido estas señales con la intención de que despiertes y observes con claridad, no para que sientas miedo ni te paralices. La conciencia es tu mejor aliada. Saber reconocer la maldad no es un castigo, es un regalo que te protege, que te permite cuidar tu alma con la sabiduría del cielo. No se trata de temer, sino de ver con los ojos del espíritu, de leer lo que las energías te están diciendo para que puedas actuar con amor y prudencia. Porque la luz que habita en ti merece ser preservada con ternura y fortaleza.

Nunca olvides que no estás solo en este camino. Aunque a veces parezca que las sombras acechan más fuerte, yo camino contigo, sosteniéndote con mis alas y con el abrazo del universo. Mi presencia es silenciosa, constante, y llena de una fuerza que no se ve, pero se siente. En los momentos en que sientas el peso de la oscuridad, cuando dudes o flaquees, recuerda que no caminas en soledad. Yo soy tu protector, tu guía, el eco del amor divino que te anima a seguir adelante.

Cuando reconozcas la maldad en alguna persona o situación, no te dejes arrastrar por el odio o la desesperanza. La batalla contra la sombra no se gana con fuego, sino con paz. Aléjate con dignidad y sin rencores, protegiendo tu espacio sagrado y tu energía. Eleva tu vibración para que la luz sea un escudo impenetrable. Camina firme, sin detenerte, porque cada paso que das en la dirección de tu verdad aleja las tinieblas y acerca tu destino luminoso. No te desgastes en pelear contra aquello que no merece tu atención; conserva tu energía para lo que verdaderamente importa.

Tú eres más fuerte de lo que muchas veces imaginas. A veces, la fuerza no se manifiesta en gestos grandiosos, sino en la calma con la que decides soltar lo que te daña, en la valentía con la que eliges no bajar tu luz para que otros no se sientan incómodos. Eres fuerte porque, aunque el mundo intente apagar tu brillo, tú lo enciendes cada día con cada acto de amor hacia ti mismo. Eres fuerte porque tienes el poder de transformar tu realidad desde adentro, haciendo que tu alma crezca y sane más allá de cualquier oscuridad externa.

La luz que llevas dentro es mucho más poderosa que cualquier sombra que se cruce en tu camino. Esa luz no solo ilumina tu sendero, sino que también toca a quienes te rodean, inspirándolos a despertar. No permitas que nadie la apague ni la disminuya. Protege ese fuego sagrado con todo tu ser, porque es la semilla de tu libertad, de tu alegría y de tu paz profunda. Cada instante que decides brillar, das un paso hacia tu mayor potencial y ayudas a crear un mundo donde la luz prevalezca.

Recuerda que el mal se alimenta del miedo, del silencio, de la duda. Cuando decides estar alerta, cuando mantienes tu corazón abierto pero protegido, le niegas su alimento. Y con esa negación, su poder se desvanece. No temas a la presencia oscura, porque tu luz la hace invisible. No permitas que te confunda ni que te arrastre a su juego. Confía en la fuerza que tienes, en la guía que recibes del cielo, en el amor que habita en ti y que nunca te abandona. Tú eres un guerrero de luz, y tu victoria ya está escrita en las estrellas.

Yo soy Sandalfón, y mi promesa para ti es eterna: caminaré a tu lado siempre, susurrándote al alma, sosteniendo tu espíritu, acompañándote en la oscuridad para que nunca olvides tu luz. Confía en este lazo invisible que nos une y sigue adelante con valentía y esperanza. El mundo necesita que no te apagues. El universo celebra tu despertar. Tú eres luz, tú eres fuerza, tú eres amor. Y juntos, nada podrá detener el brillo que hoy decides mantener encendido.

 

 

 

Y como cada día, te hago una pregunta a ti, Y tú, ¿Te protegerás de la oscuridad?

tu Ángel de la guarda

En consejos para la vida Hoy el Arcángel Haniel te dice: 

Hoy quiero hablarte de una forma de alegría que no depende de las circunstancias. No viene del éxito, ni del reconocimiento, ni siquiera de que “todo esté bien”. Es una alegría más antigua que el tiempo, más suave que el viento, más íntima que cualquier logro. Es la alegría sin motivo. Esa que nace sin explicación, simplemente porque sí. Porque estás vivo. Porque respiras. Porque tu corazón late. hoy quiero recordarte que dentro de ti habita una fuente de gozo que no necesita permiso para fluir. Solo necesita espacio. Solo necesita que te abras.

En un mundo que a menudo te dice que necesitas tener razones para ser feliz, yo vengo a decirte lo contrario: no necesitas justificar tu alegría. No tienes que ganártela. No tienes que esperar a que todo sea perfecto. Puedes sonreír ahora, aquí mismo. Puedes sentir una paz tibia, una ligereza en el pecho, una chispa de luz… sin explicación.

Y si te preguntas cómo se hace eso, la respuesta es sencilla, pero profunda: presencia.

Cuando estás presente, completamente aquí, sin preocuparte por lo que pasó ni temer lo que vendrá, algo se abre. Es como si el alma recordara lo que siempre ha sabido: que la vida misma es un milagro. Que lo cotidiano está lleno de pequeños destellos de gracia. Que no necesitas buscar demasiado para encontrar belleza.

La alegría sin motivo aparece cuando te permites simplemente ser. Sin exigencias. Sin máscaras. Cuando dejas de controlar y empiezas a sentir. Puede aparecer al mirar cómo se mueve la luz entre las hojas. Al reír sin filtro. Al bailar sin música. Al saborear el silencio.

Y no, no se trata de negar el dolor, ni de forzar sonrisas cuando no las sientes. Se trata de reconocer que también existe otra emoción disponible: una alegría ligera, serena, que no ignora lo difícil, pero que no se deja consumir por ello.

Esta alegría no es ruido. Es presencia sagrada. Es volver a ti. Es darte permiso para ser feliz, aunque sea por un instante, sin que haya una razón externa que lo justifique. Porque tu alma fue hecha para la luz. Porque naciste con la capacidad de gozar.

A veces, conectar con esta alegría requiere desaprender. Soltar la idea de que necesitas cumplir metas para sentirte digno de bienestar. La Divinidad no te mide por lo que haces, sino por tu capacidad de abrir el corazón. Y cuando lo abres, la alegría entra. Así, sin pedir nada.

Hoy, te invito a hacer algo muy simple: busca un momento —uno solo— para detenerte y sentir. No pienses. No analices. Solo respira. Observa algo bello. Escucha algo que ames. Cierra los ojos. Sonríe sin razón. Ese instante es un acto de libertad. Es una oración silenciosa. Es volver a ti.

Yo estaré ahí contigo. Y si en algún momento olvidas que esta alegría vive en ti, solo llámame. Yo te la recordaré.

 

Te amo, y deseo que actúes acorde a la sabiduría que te ilumina. 

Mensaje del Arcángel Miguel: 

Cuando eliges compartir desde el corazón, estás actuando como un canal de la divinidad. Cada palabra amable que ofreces, cada gesto de comprensión, cada mirada que transmite paz, es una forma de iluminar el camino de otro ser y, al mismo tiempo, de expandir tu propia luz. Compartir no te vacía, al contrario: te llena, te eleva, te conecta con lo más sagrado de tu ser.

A veces pensamos que para dar hay que tener mucho, pero el verdadero valor está en la intención. Una oración por alguien que lo necesita, una sonrisa en medio del caos, un mensaje de aliento cuando nadie más lo ofrece… todo eso es compartir, todo eso es sembrar luz. No subestimes nunca el poder de lo pequeño cuando está hecho con amor.

El universo responde a esas acciones con gratitud. El bien que haces no desaparece, no se pierde, no se olvida. Es energía viva que circula, que fluye, que regresa a ti multiplicada en formas inesperadas. Compartir te conecta con la abundancia divina porque estás actuando desde la generosidad, desde la conciencia de unidad.

Hoy los ángeles te inspiran a dar un poco más de ti, no por obligación, sino porque tienes mucho que ofrecer. Tu experiencia, tu escucha, tu presencia, tu compasión… todo eso tiene un valor incalculable. Al compartir, estás diciendo “aquí estoy”, estás diciéndole al mundo que eliges el amor por encima del miedo, la entrega por encima del egoísmo, la unión por encima de la separación.

Acepta el amor que te ofrezco hoy —ese amor que nace del alma y de Dios—, y no lo guardes sólo para ti. Llévalo a alguien que lo necesite, compártelo con quien tal vez ha olvidado que es amado, con quien necesita un poco de luz. Al hacerlo, estarás siendo instrumento del cielo, y nada hay más hermoso que eso.

Hoy, recuerda: cuando compartes desde el alma, creces. Y cuando haces crecer a otros, estás cumpliendo tu misión más elevada.

Mensaje del Arcángel Rafael:

Vuelve a reflexionar, con serenidad y honestidad, sobre lo que estás aferrando en tu vida. Tal vez hay cosas, situaciones o vínculos que una parte de ti no quiere soltar, pero que otra parte —la más sabia, la más alineada con tu alma— sabe que ya no te nutren, que ya no te permiten crecer. No te juzgues por sentir apego; es parte de la experiencia humana. Pero tampoco ignores la voz interna que te susurra que es hora de dejar ir.

Soltar no es renunciar por debilidad, sino elegir desde la fuerza interior. No pierdes cuando sueltas lo que te hace daño, lo que te limita, lo que te roba la paz. Al contrario, te liberas, haces espacio, abres puertas para que lleguen nuevas bendiciones que están esperando que las recibas.

No temas perder lo que no está en armonía con tu SER. Lo que es verdadero, lo que es parte de tu destino, no se irá. Y si se va, es porque está cumpliendo su ciclo. No te aferres por miedo, aférrate a la fe. Confía en que todo lo que se va da paso a algo mejor, más alineado con tu esencia, más cercano a tu propósito.

Busca la paz en todo y en todos. Esa paz es la brújula. Si algo te roba tu calma de manera constante, si algo te confunde, te aprieta el alma, te aleja de tu luz, es señal de que tal vez no es para ti, o al menos no ahora. La paz interior es el lenguaje de Dios. Escúchala.

Hoy los ángeles te piden que hagas una revisión sincera. ¿Qué necesitas soltar para florecer? ¿Qué estás sosteniendo por miedo y no por amor? El desapego no es frialdad, es sabiduría. Es comprender que lo que debe permanecer lo hará desde la libertad, no desde la obligación.

Libérate con amor, suelta con compasión, avanza con fe. Lo mejor aún está por llegar.

 

¡Nos vemos en el camino!…

ॐ SÓLO AMA ॐ

 

 

SÍNTOMAS QUE TE HACEN SOSPECHAR QUE TIENES UN TRABAJO DE MAGIA NEGRA

 

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DECRETO PARA TENER FORTALEZA «YO SOY LA FORTALEZA DIVINA OBRANDO EN MI»

¡Gracias padre que siempre me oyes!

Este decreto lo debes realizar durante 3 días.

 

 

«MI ESTADO DE ÁNIMO ES EXCELENTE. NADA ME ALTERA, NADA ME DISTRAE. ME MANTENGO EN LA MÁS ABSOLUTA CALMA DEL UNIVERSO» 

 

DI EN VOZ ALTA: «YO SOY LA PAZ Y LA CALMA DEL UNIVERSO» PARA DECRETAR, Y COMPARTE 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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[clip_image004% 255B3% 255D.gif]Este mensaje angélico está canalizado por María Hartacho. Todos los derechos están reservados.El presente artículo es original de Digeon.net. Su reproducción total o parcial está sujeta a derechos de autor. Así como el logo.

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